Escribo lo que no puedo decir.

A veces las palabras se me quedan atascadas en la garganta. En la vida cotidiana, en el trabajo, en la conversación, no siempre hay espacio para lo que tiembla o duda. Por eso escribo: para dejar registro de lo que no sé explicar en voz alta.

Leer, para mí, es escuchar. Es el modo más silencioso de acompañar a alguien. Me detengo en los pliegues de las frases, en los objetos que persisten, en los gestos que no se repiten. Los libros me enseñaron a mirar con lentitud y a habitar la incertidumbre.

Escribir es ordenar lo que no entiendo. A veces empiezo con una imagen, un recuerdo o una frase suelta; otras, con una emoción que no tiene nombre. Lo que aparece aquí nace de esa necesidad: traducir lo que no podría decir de otro modo.

Este sitio es un espacio de pausa. Un cuaderno abierto donde la lectura y la memoria se encuentran. No busco respuestas; solo registrar los hilos que me sostienen.

— Carolina Arenas