Barrer el corazón

La mañana después de una muerte tiene ritmo de casa, de rutina cotidiana, pero en cámara lenta: se barre, se guarda, se etiqueta. Dickinson lo nombra sin adornos: Ajetreo y Tarea. Nada grandioso, nada sublime. Precisamente por eso pesa: porque la vida, obstinada, exige faenas mientras el sentido mismo está en huelga, para no enfrentar el dolor. Leer más →